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BOYHOOD, EL CINE HECHO VIDA

28 de junio de 2016


Hace ya dos veranos que el aclamado director Richard Linklater nos sorprendió con un proyecto muy ambicioso a la par que innovador: una película rodada a lo largo de 12 años en la que nos muestra las vivencias de Mason, un chico de Texas, al cual acompañamos desde su más tierna infancia hasta dejarlo a las puertas de la universidad. El proyecto, bautizado bajo el nombre de Boyhood, acabó convirtiéndose en una de los films más galardonadas del año y sin lugar a dudas es una de las perlas con las que el cine nos ha deleitado en estos últimos años.

A pesar de la innovadora forma con la que el director nos presenta la película, no es la primera vez que nos encontramos delante de un film como este en el que se aprovecha el uso del tiempo de este modo. Linklater ya nos expuso un formato similar en su trilogía de Before (Before Sunrise, 1996; Before Sunset, 2004; Before Midnight, 2013), también Truffaut hacía algo parecido con su Doinel, y si nos trasladamos al territorio de la televisión, encontraríamos The Up Series, de Michael Apted, que podría ser fácilmente un posible referente para Boyhood.
Es así como a lo largo de la película nos convertiremos en espectadores cómplices de las travesuras de Mason durante su infancia, también le acompañaremos en su viaje hacia la madurez, conoceremos su lado más rebelde en su época adolescente y le veremos vivir sus primeras experiencias amorosas. Es importante destacar la gran pasión que descubrirá el protagonista: la fotografía. No es casualidad que Mason sienta esta pasión por capturar instantes de su día a día a través de su réflex, ya que es muy similar al afán que tiene Linklater por atrapar con la cámara momentos de una vida. Y todos estos momentos tienen en común el hecho de que podrían pertenecer a cualquier persona, ya que son hechos cotidianos que cualquier chico podría vivir a lo largo de sus etapas en la vida, hecho que cultiva una gran empatía en el espectador. Por eso mismo, uno de los grandes logros de Linklater, ha sido el de crear una épica de lo cotidiano.

Podríamos afirmar que se trata de una película construida a través de las decisiones, igual que la vida, ya que esta consiste en eso, son los momentos decisivos los que nos definen como persona, los que nos dirán lo que somos y lo que seremos. Se trata de una acumulación de momentos que poco a poco se aprovechan de nosotros y nos acaban formando, igual que a Mason. Para Linklater, la escritura cinematográfica equivale a la escritura en el tiempo, y, en su caso, el lenguaje del cine se convierte en un mecanismo que da vida.

Sería una tarea imposible centrar la película en un único argumento narrativo lineal, ya que la película no se centra en nada en concreto, excepto en retratar la realidad de una persona. El director no tiene la intención de narrar una historia o un argumento, sino que más bien nos muestra su fascinación por intentar plasmar el paso del tiempo a través de la narrativa cinematográfica. Por eso, a lo largo de la película se nos plantean varias subtramas que no necesariamente tienen un final definitorio, ya que como podemos ver,  a lo largo del film se nos presentan a varios personajes que aparecen en un momento oportuno en la vida de Mason y que al poco desaparecen, y es que esto mismo es lo que sucede en la vida real, ya que nuestras vivencias no son más un conjunto indefinido de porvenires protagonizados por personajes volátiles que inciden en nuestras vidas y que se evaporan con el paso del tiempo.

Uno de los diálogos cumbre que encontramos en el desenlace de la película se establece durante una conversación entre Mason y Nicole, una chica que ha conocido en la universidad. En este diálogo, ella le dice:  «¿Sabes cuando la gente siempre dice ‘aprovecha el momento’? No sé, pienso que es al revés. ¿Sabes? Como que es el momento el que se aprovecha de nosotros. » Y Mason le contesta: «Sí, sí… Lo sé. Es constante, el momento es solo… Es como que siempre es ‘ahora mismo’, ¿verdad?». Y es aquí donde encontramos la síntesis total de la película, la esencia vital que la hace única, su espíritu verdadero, y es que la vida de una persona está formada por esos momentos, del aquí y ahora, del vivir de instante en instante. Boyhood es, al fin y al cabo, una película de momentos, de instantes, y eso es, en definitiva, la vida. Pero va más allá de ser una simple película, es una coleccionista de instantes, un álbum repleto de recuerdos vivenciales… Es un collage de fragmentos cotidianos que conjuntamente forman una película tan extraordinaria como lo es Boyhood, en la cual subyace la vida hecha cine, o el cine hecho vida.


ALCANZANDO ESTRELLAS

25 de junio de 2016


No es triste morir sin haber alcanzado las estrellas, lo triste es morir sin haber tenido estrellas que alcanzar.

A principios de este año, haciendo limpieza en mi cuarto, encontré esta cita entre mis apuntes de bachillerato, que, concretamente, me salió en un examen de psicología, y me gustó tanto que acabé apuntándomela en un lateral de los apuntes sobre la pirámide de Maslow. Y no sé de donde sacarán los de Mr.Wonderful sus quotes para las libretas y los calendarios, pero me juego lo que sea a que si vieran esta, no tardarían mucho en hacer un lote de camisetas de unicornios rosados con esta frase estampada en ellas. 

Ese mismo día, en otra caja, me encontré con una libretita (de color azul) en la que escribía de pequeño las cosas que quería hacer a lo largo de mi vida. Y teniendo en cuenta que desconozco el paradero actual de la chica que me gustaba a los 8 años y que ya es poco probable que me llegue la carta para ir a estudiar a Hogwarts, todavía hay muchos de esos sueños olvidados que me gustarían cumplir algún día.

A raíz de eso, estos últimos meses, le he estado dando mil vueltas a algo, y es que a medida que crecemos, vamos enterrando nuestros sueños debajo de nuestra cama y, al final, acabamos olvidándolos. Es así como muchas de las cosas que de pequeño me parecían todo un océano de posibilidades, han acabado estancándose en un pequeño charco de mi mente. Por varios motivos acabé apostando por un mundo de comodidades y pensando que nunca lograría llegar a ninguna meta que me propusiera, que lo mejor sería quedarme en el umbral del camino y olvidarla. Y este ha sido uno de los grandes errores que he hecho. Decidí ese día remediarlo, y rescatar los sueños que dejé atrás para volver a sentirme yo mismo. Que no sea por no intentarlo.

No me importa si nunca llego a las estrellas, lo que quiero es rozarlas, y darle así un fin a esta vida sin ilusiones. 

Moraleja: hacer caso a los unicornios de las tazas, no hay nada imposible.

CAMBIOS

29 de mayo de 2016



Querido Librolectores,

Ha llovido mucho desde la última vez que te hablé, sin embargo, sé que sigues acordándote de mí. Al fin y al cabo, te creé hace ya casi 4 años. Por aquel entonces me gustabas. Mucho. Muchísimo. Pero ya no. Hace tiempo que no.

Supongo que los cambios son constantes e inevitables. Y ahora mismo siento que la vida consiste en afrontarlos. Es por eso que hoy estoy aquí. Para despedirme de ti y superar el síndrome de Diógenes que me provocas.

Al final nos acabamos cansando de las cosas y nos acaba dando miedo despedirnos de ellas. Me alegro de poder hacerlo hoy contigo. Te agradezco mucho lo que has hecho por mí, pero ha llegado el momento de continuar.

Nos vemos muy pronto,

Pol.

Historia de la literatura juvenil (segunda parte)

14 de octubre de 2015


Como vimos al final de la primera parte, la primera novela escrita y publicada exclusivamente para jóvenes fue "Seventeenth Summer". Esta fue escrita en 1943 por Maureen Daly (1921 – 2006), una escritora irlandesa y trata sobre uno de los grandes tópicos de esta literatura juvenil: los amores de verano. Aunque, todo y ser considerada la primera novela dirigida al público juvenil, no obtuvo mucho éxito. Sin ir más lejos, la obra nunca fue traducida a ningún idioma.

Fueron pocos años después cuando dos novelas en particular llamaron la atención de los adolescentes: "El guardián entre el centeno" (1951), de JD Salinger (1919 - 2010), y "El señor de las moscas" (1954), de William Golding (1911 - 1993). Como curiosidad, estos dos libros fueron originalmente escritos para un público adulto, pero en el mercado adolescente fueron resultaron ser todo un éxito.

El guardián entre el centeno nos narra la historia de Holden, un adolescente inadaptado, que debido a su bajo rendimiento escolar es expulsado del internado en el que se encontraba. En su momento esta obra generó mucha controversia por el hecho de incorporar palabras mal sonantes y tratar temas de carácter sexual, pero con el tiempo se ha convertido en un título presente en casi todas las listas de los grandes libros de la historia.

Por otra parte, El señor de las moscas nos cuenta las aventuras de un grupo de jóvenes británicos que han naufragado en una isla del pacífico. William Golding, el autor, lo que nos quiere transmitir con su obra es la pérdida de la inocencia infantil y la barbarie de la naturaleza humana. Además, esta obra fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura (1983).

A lo largo de los 70, a raíz del éxito inesperado de las primeras obras juveniles, se empiezan a reeditar en rústica muchas novelas clásicas dirigidas a un público joven. Fue en este momento en que las ventas comenzaron a aumentar. A partir de aquí, cada vez son más los autores que se apuntan a la moda de escribir para jóvenes, y las editoriales empiezan a aprovecharse de ello.


Otro hecho destacable fue en 1966, donde se estableció el primer premio para novelas y autores del mundo juvenil, los premios Mildred Batchelder. A día de hoy, estos premios ya no existen, pero sí podemos encontrar multitud de premios anuales centrados en esta rama de la literatura, como lo son, por ejemplo, los premios Hans Christian Andersen, los Nébula o los Hugo.

Otro éxito que muestra un punto de inflexión en la historia de la literatura juvenil fue la publicación de la novela de Susan E. Hinton (1948), Rebeldes (The Outsiders) en 1967, una novela la que nos narra la historia de un grupo de adolescentes de un mismo barrio. Este libro inició la tendencia que conocemos hoy en día como literatura juvenil moderna.

Durante los 70 y 80 la literatura juvenil se consolida y genera sus propios autores estrellas. Es en este momento es cuando empieza la primera edad de oro de la literatura juvenil. Esta edad de oro se fundamente principalmente por tres autores:

La primera es Judy Blume (1938), una autora americana que fue pionera en tratar los temas tabú en las novelas juveniles: el racismo (La casa de Iggie), la menstruación (Estás ahí Dios? Soy Yo, Margaret), el divorcio (Qué no es el fin del mundo), la intimidación (Grasa de ballena) y el sexo adolescente (Para siempre). Blume utilizó estos temas para generar debate, pero también fueron fuente de controversia en los años 80.

En segundo lugar, encontramos la escritora y periodista Lois Duncan (1934), que sobre todo se centró en la parcela de novelas de suspense dirigidas a jóvenes (¿Quién mató a mi hija?), aunque también publicó para un público middle-grade (Hotel para perros).

Finalmente tenemos Robert Cormier (1925 - 2000), un escritor estadounidense que debutó con La guerra del chocolate, obra que  fue cuestionada por muchas escuelas por el lenguaje y el vocabulario que utilizaba, así como por las representaciones de actividad sexual, las sociedades secretas y las motivaciones anarquistas.

Blume, Duncan y Cormier se podrían considerar como los padres de la literatura juvenil. Los libros para adolescentes de la década de 1970 se convirtieron en modelos a seguir para los futuros autores juveniles, y fueron estos los primeros que dieron un sentido literario a los libros dirigidos a este público adolescente.



Más tarde, a lo largo de los 80, la estantería de novelas juveniles dio la bienvenida a los nuevos géneros de ficción de la mano Christopher Pike y RL Stine, que iniciaron los géneros de miedo y de ciencia ficción en el terreno adolescente. Se dice que Stine es el Stephen King de los jóvenes, entre otras cosas, porque ya lleva más de 300 obras publicadas. Sus libros más famosos son los que pertenecen a la saga Pesadillas (Goosebumps), unas novelas breves de terror protagonizadas por jóvenes que se incorporaron rápidamente a las listas de más vendidos.

A finales de los 80 la producción de literatura juvenil e infantil bajó ligeramente y la industria estuvo paralizada unos años. Fue pocos años después cuando la literatura juvenil vivió el gran auge de su historia y daría pie a una nueva edad de oro, todo gracias a las historias del joven mago, Harry Potter.

*Nota: Historia de la literatura juvenil pertenece a un trabajo de investigación que realicé hace aproximadamente dos años. Debido a la poca información que se encuentra en las redes sobre este tema, he decidido adaptar el trabajo e ir subiéndolo progresivamente a este blog. Esta es la segunda parte de las tres.